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Defensa frente tasa de alcohol superior a la mínima

 

¿Cuáles son las posibilidades de defensa con una tasa superior a 0.60 mg de alcohol por litro de aire expirado?

La primera tentación de todo abogado defensor cuando un cliente nos plantea que ha sido citado en el juzgado para la celebración de un juicio rápido por alcoholemia es tratar de “salvar los muebles”, es decir, conseguir que nuestro cliente salga lo mejor parado del trámite. Si conseguimos pactar con el Fiscal una pena que quede por debajo de los mínimos establecidos por el Código Penal con la reducción de un tercio que permite el trámite de la conformidad en el juzgado de guardia, muchas veces nos damos por satisfechos; normalmente, suele ser la mejor opción para la defensa de nuestros clientes, que de esta forma consiguen una considerable reducción de la pena.

En los casos límite, cercanos a la tasa mínima de alcohol en sangre (0.60 mg/l), debemos plantearnos otra serie de condicionantes para la mejor defensa de nuestros clientes. Es importante distinguir si estamos ante un control de alcoholemia rutinario y aleatorio de la Policía o Guardia Civil, o si el control se realiza como consecuencia de un accidente, o en caso de detención por signos evidentes de una conducción “irregular”. Las posibilidades de defensa son mayores en el primero de los casos, como es obvio, y en ellas nos centramos; también ayuda, y mucho, a la hora de defender nuestra posición, el hecho que el cliente, cuando haya sido sometido a una prueba de este tipo, se haya mostrado en todo momento colaborador con los agentes, no se haya negado a realizarse la prueba, ni el resto de indicaciones que pueden hacerle los agentes para verificar hasta que punto le puede haber afectado el grado de alcohol detectado en sangre para la conducción (halitosis, apariencia externa, habla, dilatación de las pupilas, ojos vidriosos, equilibrio, etc). Es importante revisar que se consignan exactamente las circunstancias del conductor, no firmando de conformidad el parte por el imputado en caso de discrepancia con las que se reflejan en el mismo, dado que cuantas más incidencias se reflejen, más dificultoso será desvirtuarlas en el acto del juicio, máxime teniendo en cuenta que los agentes, en caso de ser citados a juicio, van a remitirse a lo expuesto en el atestado, con lo que nuestra labor debe dirigirse a buscar las posibles inexactitudes que se contengan en él.

El tipo penal vigente se basa en la influencia del alcohol ingerido en la conducción, salvo cuando la tasa de alcohol supere el 0.60, para la que el Código Penal establece el imperativo para la condena. El art. 379.2 castiga al que “condujere un vehículo de motor o ciclomotor bajo la influencia de drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas o de bebidas alcohólicas. En todo caso será condenado con dichas penas el que condujere con una tasa de alcohol en aire expirado superior a 0,60 mg/l o con una tasa de alcohol en sangre superior a 1,2 g/l.".

En tal caso, cobra especial importancia la prueba de detección alcohólica que se realice, dado que en caso de resultar positiva, y superior a 0.60 mg/l de aire expirado, las posibilidades de defensa en principio serían pocas. No obstante, los tribunales ya han tenido ocasión de pronunciarse al respecto, y en no pocos casos se están introduciendo variables interpretativas en los llamados “casos límite”, es decir, los muy cercanos a la temida tasa del 0.60. (hasta el 0.65)

Debemos en tal caso, y si el resto de las circunstancias del atestado acompañan, atacar el resultado del alcoholímetro, dado que todos ellos tienen un margen de error reconocido en la normativa reguladora de su uso (Orden del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio de 22 de noviembre de 2006, en su anexo II, que establece los márgenes de error de los etilómetros en función de las características de cada uno de ellos, su antigüedad, y las fechas en las que ha sido reparado o modificado). Debemos por tanto comprobar la fecha de verificación del alcoholímetro y si nos encontramos dentro del plazo de vigencia de la misma, y luego tener en cuenta el margen de error que dicha normativa establece, que puede llegar hasta un 20% dependiendo de la concentración de alcohol en sangre. Es aconsejable incluso solicitar una comprobación técnica del margen de error concreto del etilómetro que esté siendo usado en el atestado, de forma que lo normal será que se nos remita por el perito a la normativa ya citada, y los distintos márgenes en ella contenidos, o que, en caso de ser denegada la práctica de la prueba, pueda abrirse de esta forma la vía de un eventual recurso de apelación contra la sentencia que se pueda dictar en el Juzgado de lo Penal si nos es desfavorable.

También debemos tener en cuenta que los eventuales tratamientos médicos a los que esté siendo sometido el imputado pueden afectar el resultado del etilómetro. Es fundamental tener información al respecto, y en caso de estar pautado algún tipo de tratamiento médico, aportar justificación documental del mismo y dejar constancia en las actuaciones en el momento de la primera declaración del imputado, así como solicitar al Médico Forense que se pronuncie sobre estos extremos, para aportar su informe pericial al acto del juicio.

Con todo ello, los Tribunales están empezando a considerar que en los casos de tasas próximas al 0.60 mg/l de aire expirado (hasta 0.64, y en ocasiones se puede incrementar esta tasa), la apreciación del margen de error contenido en la Orden Ministerial determina que no estemos ante un delito, sino ante una infracción administrativa en aquellos casos en que, pese a existir grado de alcoholemia en el conductor, incluso superior a la tasa prevista en el Código Penal, y sin que exista influencia en la conducción, de forma que no se cumplirían ninguno de los dos elementos objetivos del tipo penal, determinando una sentencia absolutoria del Juzgado en la primera instancia o, en el peor de los casos, sentencia que deberíamos conseguir en vía de recurso de apelación contra la misma.

Es fundamental en todo caso contar con asistencia letrada especializada desde el primer momento de la realización de la prueba, sin realizar actuación alguna que pudiera desvirtuar esta estrategia de defensa.

Por Manuel Sarrión Sierra.

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